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El Sol que nadie vio venir: auroras en el Caribe y la fragilidad de un planeta cableado

Auroras en el Caribe, satélites fuera de órbita, apagones masivos: el ciclo solar 25 superó todas las predicciones

Redacción La Prosa · · 5 min
Aurora multicolor sobre playa tropical con palmeras y erupcion solar en el cielo

El Sol que nadie vio venir: auroras en el Caribe y la fragilidad de un planeta cableado

El ciclo solar 25 está dejando en ridículo a los modelos que debían predecirlo. En 2019, un panel de NOAA y NASA estimó un máximo de 115 manchas solares para julio de 2025, similar al ciclo anterior. La realidad fue otra: el pico llegó en octubre de 2024 con 161 manchas, un 40 % por encima de lo pronosticado. El año cinco del ciclo promedió un 71 % más de manchas diarias que el ciclo 24.

La consecuencia más mediática de esa actividad inesperada fue la tormenta geomagnética del 10 al 13 de mayo de 2024. Alcanzó la clasificación G5 —la categoría más alta en la escala de NOAA—, algo que no ocurría desde las tormentas de Halloween de 2003. Su índice Dst cayó a −412 nT y el índice Ap llegó a 271, el segundo valor histórico más alto.

Auroras donde nunca debieron verse

La tormenta de mayo de 2024 regaló algo que los libros de texto decían que era imposible: auroras en latitudes tropicales. Se documentaron avistamientos en la península de Yucatán, Bahamas, Jamaica, Puerto Rico, el norte de India e Irán. En el hemisferio sur, el fenómeno alcanzó Queensland (Australia), el sur de Brasil, Uruguay y Namibia.

El espectáculo celeste tuvo un reverso menos fotogénico. La misma tormenta encendió una alarma sobre la fragilidad de la tecnología cotidiana frente al clima espacial. Agricultores estadounidenses que usaban tractores con GPS de precisión RTK tuvieron que suspender la siembra: la ionosfera alterada degradó la señal hasta hacerla inutilizable. Las pérdidas estimadas por granja rondaron los 17.000 dólares. Investigadores de la Universidad de Victoria detectaron que la tormenta activó brújulas en observatorios submarinos a 2,7 kilómetros de profundidad.

El fantasma de 1859

El evento que más preocupa a los investigadores del clima espacial es el de Carrington, la tormenta geomagnética más violenta jamás documentada. El 1 y 2 de septiembre de 1859, una eyección de masa coronal viajó del Sol a la Tierra en apenas 17,6 horas —cuando lo normal son tres o cuatro días—. El índice Dst estimado se sitúa entre −800 y −1750 nT. Las auroras se vieron en Colombia, Cuba, México central, el sur de Japón y Nueva Zelanda. Mineros en las Rocosas se despertaron pensando que amanecía; en el noreste de Estados Unidos se podía leer el periódico con la luz de la aurora.

En 1859, la única infraestructura eléctrica eran los telégrafos. Las líneas soltaban chispas y electrocutaron a varios operadores. Otros, sin embargo, descubrieron que podían transmitir mensajes con las baterías desconectadas: la corriente inducida por la tormenta bastaba para hacer funcionar el sistema durante dos horas.

Lo que casi fue

Un evento de magnitud comparable volvió a producirse en julio de 2012. Una eyección de masa coronal atravesó la órbita terrestre a unos 2.000 km/s de promedio. Falló la Tierra por nueve días. Daniel Baker, de la Universidad de Colorado, lo resumió así: «Si nos hubiera golpeado, todavía estaríamos recogiendo los pedazos». El estudio que coescribió en 2013 estimó que el impacto habría causado entre 600.000 millones y 2,6 billones de dólares en daños solo en Estados Unidos, con entre cuatro y diez años de recuperación.

No hace falta evocar un Carrington para ver daños reales. En 1989, una tormenta mucho menor colapsó la red eléctrica de Hydro-Québec en menos de 90 segundos: seis millones de personas quedaron sin luz durante nueve horas. En febrero de 2022, una tormenta G2 —moderada— bastó para que 38 de los 49 satélites Starlink recién lanzados se precipitaran contra la atmósfera. La expansión térmica de la atmósfera superior aumentó la resistencia aerodinámica y los satélites no pudieron corregir su órbita.

Vigilantes en el espacio

A diferencia de 1859, hoy existen satélites de alerta temprana. DSCOVR y SOHO orbitan en el punto Lagrange L1, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, y proporcionan entre 15 y 60 minutos de aviso antes de que una eyección de masa coronal impacte. La sonda Parker Solar Probe de la NASA, lanzada en 2018, hizo su máximo acercamiento al Sol el 24 de diciembre de 2024 a solo 6,1 millones de kilómetros de la superficie, viajando a 690.000 km/h.

Ese margen de aviso alcanza para desconectar transformadores críticos, pero no para proteger una red eléctrica entera. Y los grandes transformadores de alta tensión pueden tardar entre 12 y 24 meses en fabricarse. La pregunta no es si otra tormenta clase Carrington va a ocurrir. Es si, cuando llegue, los protocolos de apagado preventivo estarán coordinados a escala internacional.

Infografia Ciclo Solar 25 con auroras tropicales satelites perdidos y riesgos electricos

Fuentes

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