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Curiosidades

La reina manda con olor: cómo una feromona controla la sociedad de las ratas topo desnudas

Un compuesto volátil permite a la reina de la rata topo desnuda bloquear la fertilidad del resto de la colonia, según un estudio de Nature.

Josué GO · · 5 min
Reina de rata topo desnuda rodeada de obreras en un túnel subterráneo, con una estela dorada de feromona a su alrededor

Una reina que se impone sin peleas

La rata topo desnuda (Heterocephalus glaber) es uno de los dos únicos mamíferos eusociales que existen, junto a la rata topo de Damara (Fukomys damarensis). Vive en colonias de entre 20 y 300 individuos donde una sola hembra, la reina, es fértil; el resto se reparte la excavación de túneles, la búsqueda de comida, el cuidado de las crías y la defensa. Durante décadas se asumió que ese dominio se sostenía a base de peleas físicas y mordiscos entre hembras rivales. Un equipo liderado por Gary Lewin, del Max Delbrück Center de Berlín, publicó en Nature el 15 de julio cómo lo mantiene en realidad. El arma, sorprendentemente, no es la fuerza: es el olor.

El compuesto que solo tiene la reina

Los investigadores, con Mohammed Khallaf como coautor, detectaron que las reinas segregan un compuesto volátil, el isopropil miristato (IPM), que no aparece en el resto de la colonia. Es un éster cotidiano: un líquido oleoso, incoloro y prácticamente inodoro para el humano, muy usado en cosmética y farmacia como emoliente y vehículo de principios activos. Hasta ahora su producción era exclusivamente industrial y apenas se había detectado en seres vivos.

Analizando el olor corporal de más de 350 animales con cromatografía de gases y espectrometría de masas, observaron que el IPM estaba siempre presente alrededor de las reinas e indetectable en los demás miembros. Se concentra en tres tipos de secreción —vaginal, anal y bucal— y llega al resto de la colonia por contacto directo: al compartir túneles y acicalarse entre sí, las demás hembras quedan expuestas a esas secreciones y activan neuronas olfativas específicas. Su producción alcanza el máximo durante la ovulación de la reina, justo cuando más le interesa mantener a raya a posibles rivales.

Un freno hormonal

El mecanismo es endocrino. La exposición al IPM eleva la prolactina, la misma hormona que interviene en la lactancia y que bloquea la reproducción, y reduce la progesterona, que favorece la fertilidad. Las hembras no reproductoras quedan así en una especie de pubertad permanente. Cuando la reina desaparece o se retira el compuesto, la prolactina baja, la progesterona sube y las hembras recobran la capacidad fértil.

Los experimentos lo confirmaron. Rociando isopropil miristato a diario en jaulas con parejas macho-hembra no se produjo ningún embarazo; sin el compuesto, casi todas las hembras quedaron preñadas. Lewin lo describe como un superanticontraceptivo.

Olor que apaga los motines

También suprime la sucesión. Al retirar una reina y dosificar la colonia con IPM durante tres meses no hubo luchas por el puesto ni hembras fértiles emergentes: no hubo golpes de estado. En cuanto se dejó de rociar, las hembras de alto rango empezaron a pelear en una semana y en unas tres semanas una nueva reina quedó preñada y asumió el trono.

Las ratas detectan el compuesto: activa neuronas olfativas y regiones del cerebro dedicadas al olfato, y poseen unos 1.200 genes de receptores olfativos, más que los ratones y mucho más que los humanos. Las candidatas a reina, además, evitan activamente las zonas impregnadas de IPM en un laberinto en T, mientras que las de bajo rango no lo evitan. Las superiores, parece, prefieren mantenerse lejos de su olor.

Por qué patrulla

El IPM es volátil pero aguanta unas 24 horas sobre las superficies. Las madrigueras salvajes pueden extenderse unos tres kilómetros bajo tierra, así que esa persistencia le permite a la reina marcar toda la red de túneles. Según Lewin, ahí está la razón de que la reina patrulle el territorio con regularidad.

Preguntas abiertas

El trabajo es la primera señal química tipo feromona de reina identificada en un mamífero, el equivalente de las que los insectos eusociales usan para frenar a sus colonias. Pero quedan huecos. No se sabe cómo sintetiza la reina el compuesto, qué receptores olfativos lo detectan y traducen la señal en cambios hormonales, ni por qué la reina es inmune a su propio olor. Expertos ajenos al estudio, como Chris Faulkes (Queen Mary University of London), Lisa Stowers (Scripps Research) y Markus Zöttl (Linnaeus University), lo consideran convincente e importante, pero lleno de preguntas sin cerrar.

El isopropil miristato también apareció en secreciones de pezones de mujeres lactantes en un estudio de 2008, aunque su función ahí se desconoce. Lewin pide cautela: la molécula o similares podrían influir en la reproducción de otros mamíferos, humanos incluidos, pero de momento no hay evidencia. Como en esta sección de curiosidades, el hallazgo vale tanto por lo que revela como por lo mucho que deja sin saber.

Diagrama que muestra a la reina de rata topo desnuda emitiendo isopropil miristato hacia el resto de la colonia, con indicadores de prolactina en alza y progesterona en baja

Fuentes

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