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Cómo nace y erupciona un volcán: vulcanología y el caso del Volcán de Fuego

Magma, cámara magmática, columnas y flujos piroclásticos: así nace y erupciona un volcán, y qué hace al Volcán de Fuego de Guatemala tan reactivo.

Redacción La Prosa · · 4 min
Volcan de Fuego en erupcion con seccion transversal del magma y capas de la Tierra

Cómo nace y erupciona un volcán: vulcanología y el caso del Volcán de Fuego

Magma, cámara magmática, columnas y flujos piroclásticos: así nace y erupciona un volcán, y qué hace al Volcán de Fuego de Guatemala tan reactivo.

El motor interno: cómo nace un volcán

En el interior del planeta hace tanto calor que algunas rocas se funden y forman una masa espesa llamada magma. Esta sustancia pesa menos que la roca sólida que la rodea, de modo que asciende desde el manto y se va acumulando en cámaras magmáticas bajo la corteza.

Desde esa cámara, el magma sube por conductos estrechos, las chimeneas, hasta la boca del volcán en la superficie. El material que viaja bajo tierra se llama magma; cuando emerge al exterior recibe otro nombre, lava. Es el mismo material, solo que en otro sitio.

Cada erupción deja capas de ceniza, lava y depósitos piroclásticos. Acumuladas durante cientos de miles de años, esas capas construyen el cono del volcán. De esa acumulación salen formaciones como el Volcán de Fuego de Guatemala: un estratovolcán, un edificio compuesto por muchas etapas eruptivas encadenadas.

Efusiva o explosiva: por qué erupcionan distinto

La violencia de una erupción depende sobre todo de la composición del magma. Si el magma es delgado y fluido, los gases escapan con facilidad y la lava se derrama sin estallar. Son las erupciones efusivas, como las de Hawái. Estos flujos rara vez matan a alguien: avanzan lo bastante lento como para ponerse a salvo.

Cuando el magma es espeso y pegajoso, la historia cambia. Los gases no encuentran salida, la presión se acumula y termina por estallar de golpe, como en el Monte Santa Elena. En el estallido el magma se rompe en fragmentos llamados tefra, que van de finas partículas de ceniza a bloques del tamaño de una casa.

Los vulcanólogos bautizan cada estilo con el nombre de un volcán típico: hawaiana, estromboliana, vulcaniana, vesubiana, peléana y pliniana. Las plinianas son las más potentes. Lanzan ceniza y gas decenas de millas en el aire y suelen ir acompañadas de flujos piroclásticos.

De la columna eruptiva al flujo piroclástico

Sobre el cráter se alza la columna eruptiva, una nube vertical de ceniza, gases y fragmentos. Su altura y dirección marcan el alcance del peligro. En la fase de agosto de 2026, la del Volcán de Fuego alcanzó entre 5.000 y 6.000 metros y el viento llevó la ceniza más de 40 kilómetros hacia el oeste.

Lo más destructivo no es la columna, sino lo que baja. Los flujos piroclásticos, también llamados corrientes de densidad piroclástica, son mezclas calientes y densas de gas, ceniza y roca que descienden por las laderas a unos 80 km/h o más. Arrasan árboles, puentes y construcciones a su paso.

Se forman cuando el magma acumulado en la cima se descomprime de forma súbita y se fragmenta. Esa descompresión dispara una avalancha ardiente por los flancos. Una erupción de ceniza y gas de cada veinte minutos no supone una amenaza grave; la aparición de un flujo piroclástico sí la supone, y marca un cambio en el nivel de peligro para las comunidades vecinas.

El caso del Volcán de Fuego (agosto 2026)

El Volcán de Fuego mide 3.763 metros y se alza unos 35 kilómetros al suroeste de la Ciudad de Guatemala, entre los departamentos de Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango. Es el volcán más activo de Guatemala y de Centroamérica. Erupciona casi a diario desde 1974, con pequeñas emisiones de ceniza y gas cada veinte minutos.

El 3 de agosto de 2026, a las 08:30, el INSIVUMEH confirmó una nueva fase eruptiva. Siete horas después la actividad seguía en aumento. La erupción combinó actividad estromboliana intensa con corrientes de densidad piroclástica hacia el flanco oeste, y se registraron nueve episodios de esos flujos por la barranca Seca, a entre 5 y 7 kilómetros del cráter.

Las autoridades declararon alerta roja por el riesgo de flujos piroclásticos y de lahares asociados a las lluvias. Más de 29.000 personas sufrieron los efectos de la emergencia y 1.221 quedaron en cinco albergues según CONRED. La experiencia previa explica la prisa: en la erupción del 3 de junio de 2018, la más destructiva desde 1974, los flujos piroclásticos alcanzaron zonas habitadas y dejaron más de 200 fallecidos.

Riesgo volcánico y alerta temprana

Ningún observatorio predice la hora exacta de una erupción, pero la vigilancia reduce el margen de sorpresa. El INSIVUMEH combina observadores de campo, sensores sísmicos y de infrasonido, cámaras web e imágenes satelitales, y comparte la información con el Sistema CONRED.

Los flujos piroclásticos pueden afectar zonas a unos 5 kilómetros del volcán y, en casos extremos, extenderse hasta 20 kilómetros. Avanzan demasiado rápido para huir al verlos: la evacuación depende de las alertas previas, no de esperar a ver el material en la ladera.

La gestión del riesgo tampoco acaba en los mapas. Muchas personas viven en zonas de alto riesgo y la decisión de quedarse se liga a vínculos familiares, económicos e históricos con el territorio. Reconocer ese dato no resuelve el problema, pero recuerda por qué una alerta temprana, en un volcán tan persistente como el Fuego, puede salvar muchas vidas.

Infografia de vulcanologia con proceso de erupcion y el caso del Volcan de Fuego

Fuentes

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