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Tu cuerpo guarda virus dormidos desde la infancia. El COVID grave puede despertarlos

Un estudio con más de mil pacientes y mil millones de datos encontró que una infección severa de COVID-19 reactiva virus que llevaban años escondidos en el cuerpo.

Redacción La Prosa · · 4 min
Partículas virales de distintos colores despertando sobre un fondo orgánico azulado, con una partícula central iluminada

El cuerpo como archivo de virus viejos

La mayoría de los adultos carga, sin saberlo, una colección de virus inactivos. El de Epstein-Barr, responsable de la mononucleosis, infecta a más del 90% de la población mundial en algún momento de la vida y luego se retira a un estado de latencia dentro de ciertas células inmunes. El citomegalovirus hace algo parecido. Los herpesvirus también. El sistema inmune los mantiene a raya, pero no los elimina: se quedan ahí, dormidos, décadas.

Un equipo liderado por el Boston Children's Hospital, con Ofer Levy —director del Precision Vaccines Program— al frente, se preguntó qué les pasa a esos virus dormidos cuando el cuerpo enfrenta una infección severa por COVID-19. La respuesta, publicada en Nature, es que varios se despiertan.

Mil millones de puntos de datos

El estudio analizó a 1.154 pacientes hospitalizados con COVID-19, con la colaboración de 15 instituciones de investigación biomédica en Estados Unidos. Procesaron más de 200.000 muestras y generaron más de mil millones de puntos de datos —una escala poco común incluso para la investigación biomédica actual.

En los primeros 40 días tras el ingreso hospitalario, el equipo detectó 11 virus distintos reactivándose en los pacientes. Los más frecuentes fueron el Epstein-Barr, el herpes simple tipo 1, el citomegalovirus y una familia de virus llamada Anelloviridae, prácticamente desconocida fuera de los círculos de virología pero presente de forma latente en cerca del 90% de las personas. Cuanto más severo era el cuadro de COVID-19, más probable era encontrar reactivación viral.

Inflamación, no debilidad

Durante años se asumió que los virus latentes se reactivan cuando el sistema inmune se debilita —la explicación clásica en pacientes con inmunosupresión. Este estudio encontró algo distinto para el Epstein-Barr y el citomegalovirus: parecían activarse en respuesta a la inflamación, no a la falta de defensas. Es un mecanismo que no se había reconocido antes con esta claridad, y sugiere que el propio proceso inflamatorio que el cuerpo usa para combatir el COVID-19 puede, como efecto secundario, sacar de su escondite a otros virus.

La pista sobre el COVID persistente

La parte con más implicaciones prácticas del estudio tiene que ver con los Anelloviridae. Su reactivación mostró una asociación fuerte con discapacidad física a largo plazo y con el llamado COVID persistente o long COVID, el conjunto de síntomas que se prolongan meses después de la infección aguda y que hoy afecta a millones de personas en el mundo sin que exista todavía una explicación biológica completa.

No es que los Anelloviridae causen el long COVID —el estudio no establece esa relación causal—, pero su reactivación podría funcionar como una señal biológica medible de qué pacientes tienen más riesgo de arrastrar síntomas prolongados. Eso abriría una puerta que hasta ahora no existía: usar la reactivación viral como un marcador temprano, en vez de esperar meses para diagnosticar long COVID por descarte de otras causas.

Quedan preguntas sin resolver: cuánto dura la reactivación después de que el paciente se recupera del COVID-19, si los virus reactivados causan síntomas propios más allá de su vínculo con el long COVID, y si existe una forma de prevenir la reactivación sin comprometer la respuesta inmune necesaria para combatir la infección original. Tampoco está claro todavía si otras infecciones respiratorias graves —no solo el COVID-19— producen el mismo efecto de despertar virus dormidos, o si se trata de algo particular del SARS-CoV-2 y la forma en que dispara la inflamación en el cuerpo.

Por ahora, el hallazgo cambia menos el tratamiento inmediato de un paciente hospitalizado que la forma de investigar el long COVID: si la reactivación viral resulta ser un marcador confiable, los próximos estudios podrían empezar a medirla de manera rutinaria en pacientes graves, en vez de tratarla como un hallazgo incidental.

Silueta del cuerpo humano con 4 iconos de virus destacados y la cifra de 11 virus reactivados detectados en el estudio

Fuentes

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