Tu asco a comer insectos podría tener 9.000 años, y está escrito en el sarro de dientes antiguos
Analizando cálculo dental de neandertales y humanos antiguos, un equipo de investigadores encontró que la aversión europea a comer insectos es mucho más vieja que cualquier explicación cultural o religiosa que se le haya dado.
Lo que queda pegado en un diente durante miles de años
El cálculo dental —lo que comúnmente llamamos sarro— no es solo una molestia que el dentista raspa en una limpieza moderna. Cuando se forma y se fosiliza durante miles de años, atrapa y conserva fragmentos de ADN de todo lo que una persona comió regularmente, funcionando como una especie de registro biológico involuntario de la dieta.
Un equipo del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) de Barcelona aprovechó exactamente eso: analizaron cálculo dental de 18 neandertales y 745 humanos anatómicamente modernos, buscando específicamente rastros de ADN de insectos.
Neandertales que comían insectos con regularidad
El resultado más claro del estudio, publicado en Science Advances, es el contraste entre especies. Los neandertales mostraron un consumo de insectos mucho más regular que los humanos modernos del norte de Eurasia, con dípteros —moscas y mosquitos— como la señal más frecuente en su cálculo dental. Los humanos modernos analizados, en cambio, presentaron trazas de ADN de insectos en niveles mucho más bajos que los neandertales, e incluso más bajos que los de gorilas y chimpancés occidentales comparados en el mismo estudio.
Es decir, la brecha no es solo "los humanos comen menos insectos que otros primates" —esa parte ya se sospechaba—, sino que la diferencia con los propios neandertales, un pariente cercano en la línea evolutiva humana, también es marcada.
Una explicación genética, no solo cultural
Lo más interesante del hallazgo no es solo qué comía cada grupo, sino por qué. El equipo encontró que las poblaciones europeas han portado durante al menos 9.000 años variantes genéticas asociadas a una digestión reducida de quitina —el material duro y fibroso que forma el exoesqueleto de los insectos—.
Ese dato cambia la conversación habitual sobre por qué a tanta gente en Occidente le repugna comer insectos. La explicación más común suele apuntar a tabúes culturales o religiosos que se fueron consolidando con el tiempo. Lo que sugiere este estudio es que, al menos en parte, esa aversión podría tener una raíz biológica anterior a esas explicaciones culturales: cuerpos que durante milenios fueron perdiendo la capacidad genética de digerir bien la quitina no tenían el mismo incentivo evolutivo para seguir comiendo insectos, independientemente de lo que dijeran después las normas sociales o religiosas.
El contraste con las poblaciones tropicales
El hallazgo se vuelve más convincente al mirar el otro lado del mapa: las poblaciones humanas cercanas a los trópicos —donde la entomofagia (comer insectos) sigue siendo una práctica alimentaria común y aceptada hasta hoy— conservaron los genes que facilitan digerir el exoesqueleto de los insectos. La genética y la práctica cultural coinciden geográficamente, lo que refuerza la idea de que no se trata de una coincidencia cultural aislada, sino de una relación de largo plazo entre genética y dieta.
Lo que este hallazgo no explica del todo
Encontrar una correlación genética de 9.000 años no equivale a probar que la genética por sí sola determina el gusto o el asco hacia un alimento —las normas culturales, la disponibilidad de otras fuentes de proteína y la exposición temprana en la infancia siguen siendo factores relevantes que este estudio no descarta ni mide directamente. Tampoco queda claro todavía en qué momento exacto, dentro de esos 9.000 años, la presión evolutiva sobre la digestión de quitina se volvió lo suficientemente fuerte como para fijar esas variantes genéticas en la población europea, ni si eventos migratorios o cambios de dieta posteriores reforzaron o diluyeron esa tendencia con el tiempo.

Fuentes
- Science Advances — paper original, Genomic evidence for limited entomophagy in ancient Europeans (https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.aec6939) [tier 1]
- ScienceDaily — Your dislike of eating bugs may be 9,000 years old (https://www.sciencedaily.com/releases/2026/08/260827010516.htm) [tier 3]
- John Hawks — Traces of insect DNA in dental calculus may reveal bug-eating past (https://www.johnhawks.net/p/traces-of-insect-dna-in-dental-calculus) [tier 3]
- Discover Magazine — Ancient Teeth Suggest Europeans Rarely Ate Bugs (https://www.discovermagazine.com/ancient-teeth-suggest-europeans-rarely-ate-bugs-and-may-have-been-less-adapted-to-digest-them-49212) [tier 3]
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