La conciencia sin fármacos: qué revela un trance autoinducido sobre la reorganización del cerebro
Una mujer entra en un trance a voluntad, sin drogas ni meditación. Un fMRI revela cómo su cerebro reorganiza sus redes al hacerlo y abre preguntas sobre los estados de conciencia.
La conciencia sin fármacos: qué revela un trance autoinducido sobre la reorganización del cerebro
Entra en un trance a voluntad, sin drogas ni meditación. Un fMRI revela cómo su cerebro reorganiza sus redes al hacerlo.
Los estados de conciencia no ordinarios casi siempre se estudian con sustancias. Un trabajo publicado en NeuroImage por investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) eligió otra vía: documentó con resonancia magnética funcional (fMRI) cómo el cerebro de una mujer de 37 años se reorganiza a gran escala cuando entra en un trance que ella misma induce, sin fármacos y sin entrenamiento en meditación.
La participante, identificada como AVP, puede autoinducir un estado de conciencia no ordinario (NOC). Un NOC se diferencia de forma cualitativa de la vigilia en percepción, emoción y sentido del yo: en su caso aparecen imaginería visual vívida, alteración del esquema corporal, distorsión del tiempo y una sensación de unidad. AVP lleva esa práctica desde la adolescencia y la desarrolló de forma intuitiva, sin método formal ni entrenamiento contemplativo.
Un primer caso con control experimental
El diseño fue exigente. AVP completó 20 sesiones de fMRI a lo largo de cinco meses, en cuatro estados definidos y repetibles: línea base, transición, trance y residual. La secuencia se reprodujo de forma estable en cada sesión, algo difícil de lograr con drogas, cuya trayectoria no se puede controlar ni alinear entre sesiones.
Como control, diez mujeres de edad y educación parecidas cerraron los ojos e imaginaron escenas visuales vívidas durante el escaneo. Ninguna de las reorganizaciones observadas en AVP apareció en ellas, lo que descarta que la simple imaginación explicara los cambios.
AVP fue evaluada con una entrevista psiquiátrica abierta y la escala PANSS para descartar psicosis; no cumplía criterios de ningún trastorno y solo reporta un hipotiroidismo compensado con levotiroxina. Estuvo ciega a los objetivos durante la recolección y no participó en el diseño ni en el análisis.
Sensorial afuera, control adentro
El hallazgo central está en la conectividad entre redes cerebrales. En el trance, esas conexiones disminuyeron de forma generalizada. La corteza visual redujo drásticamente su acoplamiento con regiones auditivas, somatosensoriales, orbitofrontales, talámicas y cerebelosas, aislando el procesamiento visual del mundo exterior para que dominara la imaginería interna.
En paralelo, la red somatomotor-dorsal se desacopló de las cortezas auditiva y del lenguaje. La participante reportó perder la sensación del cuerpo físico, coherente con esa desconexión. En una sesión, imaginar descruzar las piernas le produjo sensaciones corporales reales pese a permanecer inmóvil.
Mientras lo sensorial se apagaba hacia afuera, las redes de control interno se activaban. Las redes frontoparietal y de saliencia (ligadas a la atención interna, el control cognitivo y la interocepción, la percepción de los estados internos del cuerpo) aumentaron su acoplamiento con el precúneo, la corteza temporal multimodal y regiones cerebelosas. Esa firma coincide con la atención sostenida hacia adentro y la absorción que AVP describía.
Un análisis de entropía y complejidad completó el cuadro. La actividad del trance se desplazó hacia menos ruido aleatorio y más estructura, un patrón rico pero distinto de la vigilia; en la condición residual volvió al nivel basal. La fase de transición mostró el lado opuesto: una conectividad más variable, señal de una desestabilización temporal antes del estado estable.
Qué comparte con los psicodélicos y en qué se diferencia
La fenomenología de AVP se solapa con la de los estados psicodélicos, hipnóticos y de trance descritos en la literatura: imaginería intensa, alteración de la corporalidad, distorsión del tiempo, atenuación del ego. La diferencia es que aquí no intervino ninguna molécula.
Eso trae una ventaja metodológica. Los psicodélicos modifican químicamente el cerebro, son difíciles de alinear entre sesiones y en sus fases más intensas reducen la capacidad de reporte. AVP reprodujo la secuencia fase a fase y pudo correlacionar su experiencia con la dinámica neuronal sin perder el control conductual. Tampoco es meditación formal: no usó un método contemplativo y su práctica nació de forma intuitiva.
El alcance real de un estudio de caso único
La propia investigación reconoce su límite principal: es un caso único. El perfil neurocognitivo de AVP es particular e incluye una sinestesia grafema-color leve desde la infancia. Con una sola participante no es posible saber qué cambios son propios de estos estados y cuáles específicos de ella.
La rareza de personas capaces de entrar en un trance a voluntad justifica el diseño de caso aislado, pero obliga a leer los resultados con cautela. Hacen falta estudios con participantes diversos para separar lo general de lo individual.
Con esa salvedad, el trabajo demuestra algo medible: un estado de conciencia no ordinario autoinducido tiene firmas de conectividad a gran escala, reproducibles y alineadas con una secuencia fenoménica. Es la primera vez que un caso así se documenta con control experimental, y deja abierta la pregunta de hasta qué punto el cerebro puede modular su propia arquitectura sin sustancias.

Fuentes
- The neurophenomenology of a self-induced transcendental visionary state: a case study — NeuroImage 328 (2026) 121784
- PDF del artículo (acceso abierto, grupo cognitivo)
- Registro del artículo en DOAJ
- Registro en Lund University Research Portal
- PsyPost: Brain scans reveal how a woman voluntarily enters a psychedelic-like trance without drugs
- IFLScience: Neuroimaging reveals how the brain reorganizes itself during transcendental states of mind
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