Un enzima natural logra transcribir por primera vez un ADN de ocho letras
Un estudio de la Universidad de California en San Diego muestra que la ARN polimerasa de E. coli lee el ADN sintético hachimoji casi igual que el ADN natural de cuatro letras.
Una letra sintética que la célula ya sabe leer
Toda la vida conocida en la Tierra escribe sus instrucciones genéticas con cuatro letras: A, T, C y G. En 2019, un equipo liderado por Steven Benner, de la Foundation for Applied Molecular Evolution, demostró que era posible construir un sistema con el doble: ocho letras, cuatro naturales y cuatro sintéticas, capaz de formar ADN y ARN funcionales. Lo llamaron hachimoji, "ocho letras" en japonés.
Las cuatro letras nuevas no son un agregado arbitrario: forman dos pares que se unen entre sí igual que las bases naturales, mediante enlaces de hidrógeno. La letra P solo se empareja con la Z; la B, solo con la S. El resultado son ocho piezas que encajan en la misma doble hélice que ya conocemos, solo que con el doble de vocabulario químico disponible.
Ese ADN sintético cumplía en el papel los requisitos para sostener evolución darwiniana. Lo que no se sabía era si una enzima natural, sin ningún rediseño de laboratorio, podía leerlo tan bien como lee el ADN de siempre. Un estudio publicado el 2 de septiembre de 2026 en Nature Communications, liderado por Dong Wang, de la Universidad de California en San Diego, responde que sí.
Lo que muestra la imagen a escala atómica
El equipo de Wang usó microscopía crioelectrónica de alta resolución, capaz de revelar estructuras más pequeñas que el ancho de un solo átomo, para observar en detalle cómo la ARN polimerasa de la bacteria E. coli reconoce dos de los pares de bases sintéticas del sistema hachimoji.
El hallazgo central: la enzima identifica esas letras artificiales usando muchas de las mismas señales bioquímicas y estructurales que emplea para reconocer los pares de bases naturales. No hizo falta enseñarle un mecanismo nuevo. La maquinaria que ya existe en una célula bacteriana común resultó ser, en gran medida, compatible con un alfabeto genético que la naturaleza nunca produjo.
Una segunda sorpresa: sin los enlaces habituales
Un estudio complementario del mismo equipo, publicado el 12 de agosto de 2026 en PNAS, fue todavía más lejos. Encontró que la ARN polimerasa reconoce uno de los pares de bases sintéticas incluso cuando ese par carece de los enlaces de hidrógeno que normalmente mantienen unidas las dos hebras del ADN.
Los enlaces de hidrógeno son, en el ADN natural, buena parte de lo que permite que las bases se emparejen de forma correcta y estable. Que la enzima reconozca un par sintético sin depender de ese mecanismo sugiere que la maquinaria celular tiene más margen de flexibilidad estructural del que se pensaba.
De la estructura atómica a una aplicación con nombre propio
El equipo de UCSD menciona aplicaciones concretas, aunque todavía a futuro: nuevas herramientas de diagnóstico, terapias, sistemas biológicos diseñados con capacidades que no existen en la naturaleza, y moléculas de ADN sintético orientadas a la detección de cáncer de hígado.
Ninguna de esas aplicaciones está lista todavía. Lo que existe hoy es evidencia estructural, obtenida con un sistema purificado en laboratorio, de que el mecanismo funciona a nivel molecular. El salto de ahí a una célula viva completa operando con ocho letras -o a una prueba diagnóstica real usándolo- es otro tramo de investigación que las fuentes consultadas no fechan.
Por qué esto no es lo mismo que "crear vida sintética"
Es fácil confundir este hallazgo con la creación de un organismo nuevo. No lo es. Hachimoji DNA existe como sistema químico desde 2019; lo que aporta el estudio de 2026 es la prueba de que una enzima que ya lleva miles de millones de años evolucionando en bacterias comunes puede procesar ese sistema sin que nadie la modifique primero.
Esa distinción importa para entender el ritmo real del campo: la ingeniería genética avanza por partes. Primero se demuestra que un componente sintético es químicamente viable. Después, como en este caso, se comprueba si la maquinaria biológica existente puede usarlo. Solo con ambas piezas resueltas tiene sentido preguntarse si, algún día, una célula podría vivir y reproducirse con un alfabeto genético más grande que el que heredó de sus ancestros.
Fuentes
- NIH — Doubling the building blocks for DNA (<https://www.nih.gov/news-events/nih-research-matters/doubling-building-blocks-dna>) [tier 1]
- UC San Diego Today — Breakthrough Helps Expand Genetic Alphabet (<https://today.ucsd.edu/story/breakthrough-helps-expand-genetic-alphabet>) [tier 1]
- ScienceDaily — Life uses 4 DNA letters. Scientists just made 8 work (<https://www.sciencedaily.com/releases/2026/09/260904000310.htm>) [tier 2]
- Science — Hachimoji DNA and RNA: A genetic system with eight building blocks (<https://www.science.org/doi/10.1126/science.aat0971>) [tier 1]
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