Opinion
El derecho a cambiar de opinion sin hacer ruido
Cambiar de idea no siempre es derrota; a veces es una forma madura de honestidad.
Nos acostumbramos a defender opiniones como si fueran muebles familiares: aunque estorben, cuesta sacarlas de casa.
Cambiar de opinion no deberia exigir una ceremonia publica. A veces basta con reconocer que escuchamos algo, que una experiencia nos movio o que una certeza vieja ya no alcanza.
Una sociedad menos ansiosa permitiria rectificar sin convertir cada cambio en espectaculo.
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