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Drenar el cerebro contra el alzhéimer: la promesa y la cautela

Cirugías que drenan el cerebro prometen frenar el alzhéimer, pero siguen en fase experimental. China ya prohibió una variante por falta de evidencia.

Redacción La Prosa · · 3 min
Representacion volumetrica del cerebro con sistema glinfatico azul luminoso

El cerebro también se limpia

En 2012, la neurocientífica Maiken Nedergaard y su equipo de la Universidad de Rochester describieron por primera vez el sistema glinfático: una red de espacios del cerebro por la que circula el líquido cefalorraquídeo para arrastrar desechos metabólicos, entre ellos la beta-amiloide, la proteína cuya acumulación se asocia al alzhéimer. El nombre combina "glia", las células de sostén, con "linfático", por su parecido con el sistema que drena el resto del cuerpo. El artículo, firmado por Jeffrey Iliff como primer autor, apareció en Science Translational Medicine.

Ese flujo lo impulsan los astrocitos, que apoyados en la proteína acuaporina-4 (AQP4) empujan el líquido por el tejido. En ratones sin ese canal, la eliminación de moléculas grandes como la beta-amiloide se reduce alrededor de un 70 %. En 2015, el grupo de Jonathan Kipnis encontró vasos linfáticos en las meninges que conectan el cerebro con los ganglios profundos del cuello. El estudio, publicado en Nature, convirtió el drenaje cerebral en un objetivo de la investigación médica.

La cirugía que llega del linfedema

La idea de aprovechar ese drenaje no es nueva. Una de las vías que más atención ha despertado es la anastomosis linfovenosa, una microcirugía que se usa desde hace años contra el linfedema y que une los vasos linfáticos del cuello con venas cercanas para facilitar la salida de las proteínas. Una revisión de 2026 encabezada por Chew Khong Yik, del Singapore General Hospital, describe mejoras iniciales en pruebas cognitivas, pero los propios autores piden mucha más investigación antes de dar por bueno el resultado.

En China la variante fue más lejos, con una anastomosis cervical profunda pensada para el alzhéimer avanzado. Un estudio de 2026 con 139 pacientes reporta mejoras moderadas en cognición y estado funcional a los seis meses. La calidad de esa evidencia es baja.

El freno regulatorio

La cautela llegó pronto. El 8 de julio de 2025, la Comisión Nacional de Salud de China prohibió la aplicación clínica de esa anastomosis profunda contra el alzhéimer al considerar que se difundió más rápido que la evidencia sobre seguridad y eficacia. Una revisión de Frontiers in Aging documenta la suspensión y enumera incógnitas sin cerrar: los gradientes de presión, la contractilidad de los vasos linfáticos y la falta de biomarcadores validados.

El intento de atacar la acumulación de beta-amiloide con cirugía no arranca ahora. El ensayo COGNIShunt, de fase 3, probó un sistema de derivación de líquido en unos 250 pacientes con alzhéimer, con diseño aleatorio, doble ciego y controlado con placebo, sin resultados concluyentes. Los sistemas de derivación están aprobados para la hidrocefalia, una enfermedad distinta con síntomas parecidos a la demencia, y en el alzhéimer su uso sigue siendo experimental. Que la cirugía ayude a la hidrocefalia del adulto, como mostró el ensayo PENS en 2025, no prueba nada sobre el alzhéimer.

Lo que aún no se sabe

La promesa del sistema glinfático es real y el hallazgo de 2012 es sólido. Pero de ahí a un tratamiento claro quedan años de ensayos. Las operaciones actuales se apoyan en estudios pequeños y de baja calidad, no está demostrado que frenen o reviertan la enfermedad, y conllevan riesgos quirúrgicos en el cuello. Para quien siga la ciencia desde fuera, lo sensato es interés sin atajos y desconfiar de cualquier oferta de cirugía como remedio milagroso.

Infografia del sistema glinfatico con diagrama del cerebro y timeline

Fuentes

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